
Tablas de las leyes de Murphy
Nada se va para siempre
Beatriz estaba sentada en el borde de la cama , no podía dormir. Esa noche había soñado con su hijo y con su marido, otra vez.
Se puso cómoda para ver si podía conciliar el sueño de nuevo. Una luz se hizo visible en medio de la habitación.
- Hola mami.
Beatriz se sobresaltó al ver que al lado de su cama se encontraba su hijo con tan solo cinco años.
- Oh dios mío, ¡Alfonso!
- Hola mami.
Beatriz se frotó los ojos, no se creía lo que le estaba pasando, su hijo de tan solo cinco años estaba allí con ella como por arte de mágia. Beatriz no se pudo contener las lágrimas, después de todo lo que había sufrido cogió a su bebé en brazos y lo abrazó con todas sus fuerzas.
- No llores mami, nada se va para siempre, ya lo sabes. Papá y yo te hemos visto mucho llorar y un señor de ahí arriba me ha dejado bajar, pero solo un momento.
- No hijo, por favor no me dejes sola.
- Mami, tu eres fuerte y guapa, podrás salir adelante sin nosotros, por favor inténtalo.
Se abrazaron por última vez, Beatriz lo besó y lo abrazó tantas veces como pudo.
- Te quiero mucho Alfonso.
- Yo también a ti mamá.
Y desapareció como por arte de magia, el niño que tanto quería Beatriz se fue, dejando un sabor dulce y triste en la habitación.
- Nada se va para siempre – susurró Beatriz y despertó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario