viernes, 1 de abril de 2011

Realidades Paralelas

Edurne era una chica de diecisiete años que vivía en Madrid. Era una chica feliz que no tenía problemas.

Cada lunes y viernes se iba a correr para mantenerse en forma y encima tenía tiempo para sacar las mejores notas de su clase. A Edurne todo le iba bien. Sus padres pensaban que era una niña ejemplar.

Su único problema era y había sido desde siempre su hermano: Ramón.

Ramón tenía 24 años y vivía con sus padres. Estudiaba en la Universidad de Madrid y también sacaba buenas notas. Parecía un chico normal.

Los fines de semana Ramón se quedaba en casa, su habitación estaba justo al lado de la de su hermana. No era buen chico. No paraba de molestar a su hermana.

Un día Edurne estaba en su habitación acabando de hacer los deberes de Literatura cuando Ramón entró en su habitación cerrando la puerta tras de sí.

- Hola Edurne – Ramón se acercó al oído de su hermana, apartándole su sedoso pelo.

- Déjame Ramón, tengo que estudiar – Edurne se levantó de la silla y se apartó de Ramón quedando acorralada al lado de la ventana.

En un intento de huída por salir de la habitación, Ramón hizo caer a su hermana al suelo, dándose un gran golpe.

Ramón se sentó encima de Edurne y le cogió las muñecas con fuerza. Se inclinó ligeramente para oler el perfume que llevaba su hermana, la empezó a besar ligeramente por el cuello hasta llegar a las orejas. Edurne lloraba mientras su hermano le acariciaba los pechos. Le levantó suavemente la camiseta roja que llevaba Edurne, le desabrochó los pantalones.

- ¡Basta! Suéltame – los chillidos de Edurne se oían desde abajo, así que Ramón tuvo que parar.

- Te vas a acordar siempre de mi, Edurne.

Salió de la habitación y Edurne quedó sola en un rincón, echándose a llorar hasta no poder más.

Reportaje

La dominación de los pueblos colonizados.

Los territorios colonizados sufrieron un impacto profundo que cambió la manera de vivir de los pueblos indios.

Desde una estructura social los nuevos ritmos de trabajo desorganizaron la vida trivial y el antigua sistema de jerarquías sociales. Igualmente, se separaron unidades éticas o se juntaron artificialmente, de manera que se rompieron etnias i se forzó la convivencia de grupos tradicionalmente enfrentados.

Finalmente, los europeos utilizaron determinados grupos indios para reclutar su ejército y formar un cuerpo de funcionarios, y favorecieron unas élites determinadas a cambio de su fidelidad.

En el ámbito cultural las costumbres autóctonas, de tradición oral y sin elaboraciones teóricas, no ofrecieron resistencia al impacto de la cultura occidental, que los hizo perder parte de su identidad y perturbó sus creencias y sus tradiciones. La difusión de la enseñanza contribuyó a la extensión de las lenguas, las creencias y las formas de vida europeas, mientras que las misiones se encargaron de difundir el cristianismo.

Para los europeos la colonización significaba lo mismo que civilización. El argumento humanitario estaba en boca de todos y se defendía en la mayoría de ciudades. La construcción de ferrocarriles, carreteras… comportó una inversión elevada, que generó beneficios, gracias sobretodo a la explotación de los indios.

La agricultura de la plantación posibilitó la llegada de nuevos productos a España como ahora el te o el café a un precio bao.

No obstante, la explotación colonial no benefició a todos por igual.

Los indios ya tenían su propia cultura y sus propias creencias, ya tenían su civilización. Los españoles que llegaron en busca de oro y beneficios económicos conquistaron el Nuevo Mundo con la excusa de que necesitaban una educación, ser civilizados.

Si mi personaje saliera del libro

"Parece mentira que no sepa dónde estoy. Estoy demasiado confundida. Por dios… que dolor de cabeza tengo. No sé dónde me encuentro. Es un sitio muy raro. Se oye el mar, estoy en una playa.

Que precioso el mar, nunca había visto el mar tan de cerca. Tiene un aroma especial.

Estoy en Sevilla, pero esto no se parece nada a la Sevilla que yo conozco. La gente me mira de una forma muy extraña por la calle. La señora que está dentro de un cristal no se mueve. Visten de una forma muy extraña.

Me parece que estoy loca, completamente loca. Calma Mariana no te pongas nerviosa. No mires a los ojos a nadie. Uf, me ha mirado, el chico moreno me ha mirado. Debo caminar, este sitio no es normal. A lo mejor estoy en el cielo. La inquisición. El fin del mundo. Eso es, ha llegado el fin del mundo y estoy en el cielo. No es posible esto más que el cielo parece el infierno. C-I-U-D-A-D de Sevilla. Estoy en una ciudad.
Todo esto es muy feo. No me gusta. Necesito volver. Calma, calma no pienses tanto mujer.

Sevilla, esto no se parece a Sevilla. Encima no paran de mirarme, pensaba que el vestido verde me quedaba bonito. No entiendo nada, me estoy volviendo loca. Estoy loca. Sí decidido y sin marcha atrás. Estoy en un mundo perdido sola y completamente loca."

Cruce de historias



Dadas sus circunstancias Don Juan Tenorio se ve obligado a partir hacia Nueva España dónde es acogido por el virrey.

- ¿Qué le trae a vuestra merced por tan humildes tierras?

- Una boda, mi señor.

- ¿Qué boda?

- La suya con Mariana Enríquez, mi señor.

- No sabia que fuera de tanta importancia, la verdad.

- Me gustaría conocer a vuestra señoría.

Mariana estaba sentada en un sillón del comedor, escribiendo una carta a su querido padre cuando entró Don Juan y se arrodilló a sus pies. Mariana se asustó y dejó de escribir. Miró al hombre que tenía a sus pies un poco extrañada y desconfiada, aunque su mirada no le transmitía miedo.

- Don Juan Tenorio a sus pies, bella dama.

- ¿Perdón? – Mariana desconfiaba.

- ¿Cómo no habré visto ojos tan bellos en mi vida? En mis sueños… Soñé con sus ojos mi señora.

- Le pido a permiso a vuestra merced para retirarme, tengo muchos quehaceres.

Mariana salió del comedor, un poco agobiada. Las palabras de Don Juan Tenorio la habían hecho sentir extraña y a la vez deseada.

Don Juan, por otra parte, no pensaba rendirse tan fácilmente, había tenido su primera toma de contacto con ella, ahora tocaba gozarla.

- ¿Conoce usted a mi hermana? – Rodrigo entró en el comedor.

- De agora.

- Sepa vuestra merced que esta enamorada del indo Miguel.

- Quedo avisado, gracias.

Por la noche, Don Juan consiguió robar la fragancia de Miguel junto a su ropa y entró en la habitación de Mariana.

- ¿Quién llama a mi puerta? ¿Eres tú, Miguel?

- Sí princesa – Don Juan se metió entre las sabanas de Mariana.

- Voy a ser tu esposo.

- ¿Quién lo ha tratado?

- Mi dicha.

- ¿Y quién nos casará?

- Tus ojos.

- ¿Con qué poder?

- Con el de la vista.

- Soy… tuy…

- ¡¡Alto!! Sal de la cama de Mariana, maldito.

Miguel apareció por la puerta justo a tiempo.

- ¡Oh Dios mío! Sois Don Juan Tenorio. Asco deberíais daros de tener fama de burlador – Mariana se dirigió a Miguel – Miguel no sabía nada, si me hubiera dado cuenta.

- Lo sé.

- Voy a darte muerte y a quedarme con ella Miguel.

- Has fracasado.

- Qué mal conoces al burlador de Sevilla.

El abecedario de la Novela


A – Amor

B – Boda

C – Chichén

D – Deseo

E – Enfermedad

F – Fragancias

G – Gozo

H – Hernán Cortés

I – Inquisición

J – Jerarquía

L – Leyendas

M – Mariposas

N – Nuevo Mundo

O – Obligación

P – Poder

Q – Querer

R – Rey

S – Severidad

T – Traición

U – Único

V – Vestigios

Y – Yucatán

Z – FeliZ

carta de Mariana a su madre...


Mamá, gracias por quien soy, gracias por todas las cosas que no soy.
Perdona por las cosas no dichas por el tiempo que olvidé
mamá, recuerdo que toda mi vida me mostraste tu amor, tu sacrificio.
Piensa en esos jóvenes y primeros días cómo he cambiado a lo largo del camino, a lo largo del camino y sé que creíste y sé que tuviste sueños y lamento que me haya tomado todo este tiempo ver Que estoy donde estoy, por tu confianza y te extraño, si, te extraño Mamá, perdona las veces que lloraste, perdona por no hacerlas buenas todas las tormentas que haya podido causar y que me haya equivocado, seca tus ojos, seca tus ojos Mamá, espero que esto te haga sonreír espero que estés feliz con mi vida. En paz con cada decisión que tomo, cómo he cambiado a lo largo del camino, a lo largo del camino y sé que creíste en todos mis sueños y te lo debo todo a ti, Mamá.

Llenando lagunas


Como si hubiera sido el mismo Luis el que desde la distancia hubiera dado el visto bueno, Mariana se apresuró a abrir el lacre y a sacar de su sobre el papel. Comenzó a leerlo con avidez, con los ojos abiertos y brillantes, pero de pronto la luz se apagó en ellos y la carta cayó de sus manos. Se quedó quieta mirando al vacío sin responder a las llamadas de Beatriz.

- Mariana hija, ¿qué te pasa? – Beatriz apoyó su mano unto al hombro de Mariana – respóndeme.

Mariana se giró para mirar a Beatriz que se quedó parada, inmóvil bajo la mirada perdida y a la vez desolada de Mariana.

- Mamá ha muerto – dijo Mariana con un cierto tono de frialdad.

- Oh Dios mío… no puede ser… Ana

Mariana salió corriendo de la habitación, llorando. Se dejó caer encima de la cama y agarró con fuerza su cojín.

Beatriz llegó minutos más tardes, abrió despacio la puerta de la habitación. Dejándose caer abatida por el dolor solo de pensar que había perdido una amiga, una hermana. Tuvo fuerzas para acariciar suavemente el sedoso pelo de Mariana, tal y como lo hacia su madre.

- La echo tanto de menos, Beatriz…

- Yo también hija.

- Sé que has hecho lo posible para parecerte a mi madre y te lo agradezco muchísimo.

- Eres igual que tu madre, la misma dulzura que le invadía el cuerpo a ella, ahora te lo invade a ti sin más.

- Quería pedirte un favor.

- Lo que quieras.

- No digas que me parezco a ella… quisiera olvidarla.

La mano de Beatriz se alzó con la suficiente fuerza e ira como para asustar a Mariana. La bofetada resonó por toda la habitación.

Mariana, por acto reflejo se llevó la mano a la mejilla para aliviar el dolor.

- Nunca digas esto, ni sola ni en presencia de nadie. Lo que acabas de decir me duele hasta mi, que aunque me duela en alma decirlo no tengo a mi hijo. Una madre lo da todo por sus hijos, una madre es paciencia, una madre es coraje, una madre es amor. Lo mejor que te pueden llegar a decir es que te pareces a tu madre.

Mariana seguía de pie, frotándose la mejilla. No hablaba. Beatriz se empezó a sentir mal al haber pegado al único ser querido que le quedaba con vida.

- Vete… - ordenó Mariana.

- Mariana…

- ¡He dicho que te vayas! – Mariana parecía enfedada, se dirigió a la ventana que habia en su habitación.

Cuando Beatriz estuvo a punto de pasar por la puerta la voz de Mariana se dejó entreoír:

- Gracias por abrirme los ojos.

- Gracias a ti, por volver a sentirme madre otra vez.

Cuando Beatriz salió, Mariana se asomó a la ventana contemplando el paisaje. Hacía un día espléndido, no entendía como podía hacer un día tan precioso con lo que ella estaba sufriendo ahora mismo. Se quedó pensativa mirando el horizonte.