lunes, 21 de febrero de 2011

Retos



Las Leyes de Murphy

- Hasta el agua sabe mal cuando se toma por prescripción médica

Miguel se encontraba en la habitación donde Mariana estaba estirada intentando recuperarse de la fiebre. Le puso la mano derecha encima la frente. Miguel no entendía su reacción, empezó a sudar y a ponerse un poco nervioso.

Mariana empezó a abrir los ojos muy despacio.

- Buenos días Mariana, soy Miguel el doctor que te está tratando.

- Oh, encantada

Mariana intentó incorporarse despacio, se sentía muy débil todavía. Miguel la ayudó, la rodeó por las espaldas haciendo un poco de fuerza para poder levantarla.

Una vez incorporada, Mariana retomó la conversación:

- Dígame doctor ¿qué tengo?

- Trátame de tu por favor, no soy tan mayor. Verás, lo que te pasa es que has estado tanto tiempo encima de un barco que te has acostumbrado a su temperatura, a su olor, a su movimiento y que al bajar del barco, te ha imantado de tal manera el ambiente en el que te encuentras que tus defensas han decaído bastante.

- Entiendo – Mariana asintió dando a entender que estaba de acuerdo con su doctor.

Miguel se miraba a Mariana de una forma fascinante, no se la miraba como a las demás chicas.

Mariana notaba como le dolía todo e cuerpo pero ya no aguantaba más el estar tumbada. Miguel le ofreció tímidamente un vaso de agua.

- No quiero más medicamentos, por favor – Parecía que Mariana lloraba, se le escapó una lágrima.

- Hasta el agua sabe mal cuando se toma por prescripción médica.

Mariana miró a Miguel que la hizo sonreír.

Monólogo de Beatriz

No puedo apartar mis ojos de ti mi querido amor, no puedo quitar mis ojos de ti mi querido hijo. Aun no se como Mariana me a podido convencer con el tema del viaje. Echo de menos a mi familia, los hombres de mi vida… los dos únicos hombres de mi vida los cuales me han tenido en sus brazos ahora estaban en los brazos de Dios, si es que puede haber algún Dios…

¿Cómo puede el corazón aguantar un dolor tan grande? ¿Cómo puede Mi corazón aguantar le pérdida de los dos hombres de mi vida? Nadie, nunca sabrá como me puedo llegar a sentir. Eso da igual.

Sobro en todos lados, lo mejor seria desaparecer… e ir junto a mi familia en el lugar que todos pretenden que llame cielo.

Me hace falta un te quiero de mi marido o un abrazo cariñoso de mi hijo, la distancia entre ellos me mata.

Queda mucho para llegar a tierra firme. Estoy cansada de tanto barco, de tanto marinero y de tanta prepotencia por parte de todos. Me siento un poco perrito faldero, de Mariana, claro está.

Me siento como su segunda madre o primera depende de cómo se mire. A lo mejor puedo lidiar la herida de mi corazón con ella.

¿Cómo habrán descubierto los papeles de Alfonso?

Soy una mujer demasiado fuerte, tengo que mostrar más mis sentimientos, al fin y al cabo ¿qué puedo perder?

Tengo que ser un poco más como Mariana, una chica fuerte y emprendedora que abandona su vida pasada junto a sus padres y se echa a la aventura junto a su hermano Luis.

OH por Dios… debo dejar de torturarme ya, no puedo estar toda mi vida pensando en mi hijo y en mi marido. Pero ¿qué digo? ¿En qué estoy pensando? ¿Cómo voy a dejar de pensar en las personas que yo más quería en este mundo? ¿Qué tipo de persona soy?

Los necesito aquí, a mi lado. Necesito un beso, un te quiero, volver a verlos. ¡Maldita suerte, maldito el día en que tú, Dios, me arrebataste a mis hombres sin ningún derecho! ¡Maldita tú, muerte, que sin yo pedírtelo llamaste a la puerta de mi casa, sin permiso de nadie y delante de todo el mundo quitaste la vida a mi hijo y a mi marido!

Estoy harte de todo, por mucho viaje que haga, por mucho que duerma, por mucho que coma, nadie va a llenar el vacío tan grande que tengo en el corazón.

Nadie entiendo que esto no se supera en dos días, ni en tres, ni en una vida… Lo que quiero no es oro, no riquezas, ni nada… solo quiero volver a ver mi marido y mi hijo, por favor… ya basta. No puedo dejar de pensar en ellos, mis pensamientos solo son ellos, esto me a destrozado la vida… Me duele la cabeza de tanto pensar, los ojos de tanto llorar, el aliento de tanto suspirar.

Siempre voy a pensar en ellos, que nadie intente persuadirme , porque será inútil.

jueves, 17 de febrero de 2011

El comienzo de la imaginación


Quizá fue así como sucedió. Ahora, ya anciano me doy cuenta de que las certidumbres de toda una vida no son tan ciertas.

Aunque mi familia no me lo quiera reconocer, sé que me estoy muriendo. Hace un par de años sufrí un derrame cerebral, y mi cuerpo, junto a mi mente, no reacciona de la manera que yo deseo.

Por eso escribo, para poder recordar, cuando ya no pueda, todos los momentos que he vivido al lado de Karina.

Karina es la mujer más perfecta y hermosa que existe en el mundo, y aunque no lo sea me da igual porqué para mi sí lo es.

Cuando éramos jóvenes y hablábamos del amor sin ni siquiera entenderlo, ella siempre decía:

- Amor, solo tiene cuatro letras Bruno, ¿Cómo va a tener 5?

- Te digo que para mí, Amor, tiene cinco letras. Verás hay muy poca gente que consigue ver la quinta letra, la quinta letra puede ser un a, una b, una z, pero para mí la quinta letra es una K.

Nos casamos con tan solo 18 años, habíamos tenido cinco hijos: Matilde, Genevieve, Juan, Aitor y Catha.

He sido un hombre feliz, nunca he tenido problemas con nadie, y ahora me encontraba tumbado en una cama demasiado cansado como para llorar. A veces pagaba de malas maneras a Karina, el que estuviera a mi lado:

- Soy un inútil, una carga para todos, me quiero morir…

- Bruno por favor, no digas eso… te quiero…

- ¡Me dices eso por que te doy pena!

- ¡Dios, Cállate! Te he querido desde el 29 de enero de 1938, llevo más de 50 años queriéndote, llevo 50 años mirándote con los mismos ojos de imbécil…

- No eran así esos ojos que están ya cansados de llorar, quieren descansar, dame un abrazo y siente como esta vez se nos escapa sin querer hacer nada por mi. ¿Mírame? ¿Qué ves? Yo te diré lo que ves Karina, a un amor ya pasado lleno de arrugas que se está muriendo…

Me sentía tan culpable, había llorado tanto después de esa conversación.

Sé que me queda poco tiempo, junto a éste pequeño relato le he dejado una pequeña carta:

Querida Karina,

¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?

Era 1 de enero y hacía mucho frío, recuerdo que viniste a pasar las Navidades aquí, en Cáceres.

Celebraste el fin de año conmigo porque teníamos a amigos en común. Desde el primer momento en que besé tu mejilla, sabía que te acabarías casando conmigo.

Bailamos toda noche, y como me dolían los pies. La verdad es que valió la pena.

¿Y la primera vez que nos besamos?

Un martes por la tarde quedamos en el pueblo, después de saber que te mudabas a Cáceres.

Me acuerdo que estabas sentada en un banco mirando como yo no paraba de hablar, te levantaste y de pronto te cogí las manos, y te besé.

Amor mío, son muchos momentos a tu lado, muchos besos y abrazos. Te voy a querer toda la vida, pero ahora llega la visita.

Esta mañana el corazón me ha dicho que vendría. Tranquila amor, puede ser que el viaje no esté mal.

Puede ser que el cielo tenga un enorme mar, que sea un buen lugar para verte llegar.

Nos veremos pronto, no hagas locuras en mi ausencia.

No te voy a pedir que no llores, porque sé que lo harás.

Estaré bien, recuerda que llevo tu corazón, lo llevo en mi corazón.

Siempre tuyo, siempre mía.

Te quiero. Tu Bruno.