Quizá fue así como sucedió. Ahora, ya anciano me doy cuenta de que las certidumbres de toda una vida no son tan ciertas.
Aunque mi familia no me lo quiera reconocer, sé que me estoy muriendo. Hace un par de años sufrí un derrame cerebral, y mi cuerpo, junto a mi mente, no reacciona de la manera que yo deseo.
Por eso escribo, para poder recordar, cuando ya no pueda, todos los momentos que he vivido al lado de Karina.
Karina es la mujer más perfecta y hermosa que existe en el mundo, y aunque no lo sea me da igual porqué para mi sí lo es.
Cuando éramos jóvenes y hablábamos del amor sin ni siquiera entenderlo, ella siempre decía:
- Amor, solo tiene cuatro letras Bruno, ¿Cómo va a tener 5?
- Te digo que para mí, Amor, tiene cinco letras. Verás hay muy poca gente que consigue ver la quinta letra, la quinta letra puede ser un a, una b, una z, pero para mí la quinta letra es una K.
Nos casamos con tan solo 18 años, habíamos tenido cinco hijos: Matilde, Genevieve, Juan, Aitor y Catha.
He sido un hombre feliz, nunca he tenido problemas con nadie, y ahora me encontraba tumbado en una cama demasiado cansado como para llorar. A veces pagaba de malas maneras a Karina, el que estuviera a mi lado:
- Soy un inútil, una carga para todos, me quiero morir…
- Bruno por favor, no digas eso… te quiero…
- ¡Me dices eso por que te doy pena!
- ¡Dios, Cállate! Te he querido desde el 29 de enero de 1938, llevo más de 50 años queriéndote, llevo 50 años mirándote con los mismos ojos de imbécil…
- No eran así esos ojos que están ya cansados de llorar, quieren descansar, dame un abrazo y siente como esta vez se nos escapa sin querer hacer nada por mi. ¿Mírame? ¿Qué ves? Yo te diré lo que ves Karina, a un amor ya pasado lleno de arrugas que se está muriendo…
Me sentía tan culpable, había llorado tanto después de esa conversación.
Sé que me queda poco tiempo, junto a éste pequeño relato le he dejado una pequeña carta:
Querida Karina,
¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?
Era 1 de enero y hacía mucho frío, recuerdo que viniste a pasar las Navidades aquí, en Cáceres.
Celebraste el fin de año conmigo porque teníamos a amigos en común. Desde el primer momento en que besé tu mejilla, sabía que te acabarías casando conmigo.
Bailamos toda noche, y como me dolían los pies. La verdad es que valió la pena.
¿Y la primera vez que nos besamos?
Un martes por la tarde quedamos en el pueblo, después de saber que te mudabas a Cáceres.
Me acuerdo que estabas sentada en un banco mirando como yo no paraba de hablar, te levantaste y de pronto te cogí las manos, y te besé.
Amor mío, son muchos momentos a tu lado, muchos besos y abrazos. Te voy a querer toda la vida, pero ahora llega la visita.
Esta mañana el corazón me ha dicho que vendría. Tranquila amor, puede ser que el viaje no esté mal.
Puede ser que el cielo tenga un enorme mar, que sea un buen lugar para verte llegar.
Nos veremos pronto, no hagas locuras en mi ausencia.
No te voy a pedir que no llores, porque sé que lo harás.
Estaré bien, recuerda que llevo tu corazón, lo llevo en mi corazón.
Siempre tuyo, siempre mía.
Te quiero. Tu Bruno.

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