viernes, 1 de abril de 2011

Llenando lagunas


Como si hubiera sido el mismo Luis el que desde la distancia hubiera dado el visto bueno, Mariana se apresuró a abrir el lacre y a sacar de su sobre el papel. Comenzó a leerlo con avidez, con los ojos abiertos y brillantes, pero de pronto la luz se apagó en ellos y la carta cayó de sus manos. Se quedó quieta mirando al vacío sin responder a las llamadas de Beatriz.

- Mariana hija, ¿qué te pasa? – Beatriz apoyó su mano unto al hombro de Mariana – respóndeme.

Mariana se giró para mirar a Beatriz que se quedó parada, inmóvil bajo la mirada perdida y a la vez desolada de Mariana.

- Mamá ha muerto – dijo Mariana con un cierto tono de frialdad.

- Oh Dios mío… no puede ser… Ana

Mariana salió corriendo de la habitación, llorando. Se dejó caer encima de la cama y agarró con fuerza su cojín.

Beatriz llegó minutos más tardes, abrió despacio la puerta de la habitación. Dejándose caer abatida por el dolor solo de pensar que había perdido una amiga, una hermana. Tuvo fuerzas para acariciar suavemente el sedoso pelo de Mariana, tal y como lo hacia su madre.

- La echo tanto de menos, Beatriz…

- Yo también hija.

- Sé que has hecho lo posible para parecerte a mi madre y te lo agradezco muchísimo.

- Eres igual que tu madre, la misma dulzura que le invadía el cuerpo a ella, ahora te lo invade a ti sin más.

- Quería pedirte un favor.

- Lo que quieras.

- No digas que me parezco a ella… quisiera olvidarla.

La mano de Beatriz se alzó con la suficiente fuerza e ira como para asustar a Mariana. La bofetada resonó por toda la habitación.

Mariana, por acto reflejo se llevó la mano a la mejilla para aliviar el dolor.

- Nunca digas esto, ni sola ni en presencia de nadie. Lo que acabas de decir me duele hasta mi, que aunque me duela en alma decirlo no tengo a mi hijo. Una madre lo da todo por sus hijos, una madre es paciencia, una madre es coraje, una madre es amor. Lo mejor que te pueden llegar a decir es que te pareces a tu madre.

Mariana seguía de pie, frotándose la mejilla. No hablaba. Beatriz se empezó a sentir mal al haber pegado al único ser querido que le quedaba con vida.

- Vete… - ordenó Mariana.

- Mariana…

- ¡He dicho que te vayas! – Mariana parecía enfedada, se dirigió a la ventana que habia en su habitación.

Cuando Beatriz estuvo a punto de pasar por la puerta la voz de Mariana se dejó entreoír:

- Gracias por abrirme los ojos.

- Gracias a ti, por volver a sentirme madre otra vez.

Cuando Beatriz salió, Mariana se asomó a la ventana contemplando el paisaje. Hacía un día espléndido, no entendía como podía hacer un día tan precioso con lo que ella estaba sufriendo ahora mismo. Se quedó pensativa mirando el horizonte.

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