Rodrigo estaba realmente furioso, se le marcaban cada vez más las venas en el cuello. Luis no decía nada, se había quedado estupefacto delante la atenta mirada de su hermana.
- ¡No voy a permitir que seas feliz, sin mi no! – Rodrigo había dado un golpe seco en la mesa.
- Rodrigo, basta de mandar. No soy una cría, nunca he sido tuya y me merezco ser feliz – Mariana se dirigió a la puerta donde la esperaban Miguel y Beatriz.
Rodrigo se dirigió hasta la puerta, contempló durante pocos segundos el carruaje que marcaría el fin de su historia con Mariana y tenia que impedirlo. 
Se acercó a Mariana, la cogió del brazo y la besó. Fue un beso obligado, Rodrigo la tenia cogida por los brazos y Mariana no podía hacer nada. Cuando Miguel lo vio, se acercó a Rodrigo, lo separó de Mariana. Acto seguido Miguel levantó el brazo y pegó un puñetazo a Rodrigo rompiéndole la nariz. El golpe había dolido en la moral de Rodrigo que se sacó un cuchillo, cogió carrerilla y…
Beatriz yacía en el suelo con la marca del cuchillo en el estomago, le costaba respirar. Había salvado la vida a Miguel y Mariana.
Mariana se tiró al suelo, justo al lado de Beatriz. La intentó levantar, apoyó su cabeza en sus brazos apretándola con fuerza y lloró.
- Beatriz, tu no… por favor no me hagas esto…
- Mariana… yo… siempre serás mi hija….
- ¡NO! Por favor Beatriz, no me dejes… te quiero. Te necesito.
El cuerpo de Beatriz dejó de escuchar los últimos suspiros de Mariana, dejo de respirar la última gota de oxigeno que le quedaba.
Mariana se giró a mirar a Rodrigo y a Miguel. Cogió el cuchillo y con toda su ira se lo clavó a su hermano, haciéndole el mayor daño posible.
- Eres el ser más asqueroso que conozco.
Ésas serian las últimas palabras que Rodrigo oiría de cualquier persona humana, sabia que le esperaba un infierno.
Miguel se quedó de pie sin saber qué decir. Miraba a Mariana sin decir nada hasta que ella se acercó, le acarició un mechón de pelo y le dijo:
- Miguel, soy un monstruo y Beatriz está muerta… - Mariana soltaba cada palabra llorando y aforrándose fuerte a Miguel.
- No te pr
eocupes de eso ahora, pequeña. Estamos juntos en estos.
Miguel se dejó caer al suelo, aguantando el cuerpo de Mariana que no quería afrontar la realidad, de momento lo único que quería era seguir abrazada al amor de su vida.
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