martes, 22 de marzo de 2011

Diez años después




Mariana se encontraba sola bajo la luz tenue de las dos velas que estaban encendidas. Fuera hacia mucho frío.

Mariana se levantó un momento de la silla dónde hacía ya un par de horas que estaba escribiendo. Se dirigió hasta la puerta que daba al dormitorio central de la casa. Una vez allí se arrodilló hasta llegar a la altura de la cama, cogió un paño y lo introdujo lentamente en el cuenco de agua fría. Lo enjuagó hasta tres veces y se lo puso lentamente en la frente de Beatriz.

- Sé que te vas a poner buena…

La mano de Beatriz agarraba con fuerza la mano de Mariana, amarrándose a la vida.

Des de hacia muchos años Beatriz le había enseñado a Mariana a tocar el piano, la verdad era que lo hacía con mucha facilidad.

Mariana se acercó al piano de la habitación donde se encontraba Beatriz, se sentó y dejó que sus dedos se deslizaran lentamente por encima de las teclas que dejaban entre ver un contraste de color blanco y negro.

A Beatriz le relajaba mucho que Mariana tocara el piano para ella, hacia mucho tiempo que se habían quedado solas, el padre de Mariana murió dos años después de que ella volviera a España. No se habían visto más que un par de veces, el encuentro había sido tan frío que Mariana no volvió a verlo.

Des de que Mariana perdió al amor de su vida, nunca jamás se había vuelto a enamorar.

Meses más tarde de su llegada a España ella y Beatriz se dieron cuenta de que Mariana estaba embarazada. Embarazada de Miguel.

Al cabo de cinco meses, cuando Mariana estaba a punto de dar a luz, lo perdió a causa de una enfermedad. Fue un golpe muy duro para ella.

Y al cabo de diez años, se encontraban solas, una pequeña casa verdaderamente confortable donde la vida de Beatriz colgaba de un hilo acompañada por la luz de las dos velas encendidas, y las notas que tocaban los dedos de Mariana al piano.

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