martes, 22 de marzo de 2011

Mi querido diario Mariana

En vuelta en mis palabras



He intentado ya tres veces explicarte de maneras muy diferentes el día que he pasado hoy.

Miguel me ha venido a buscar, me lo he encontrado junto a dos preciosos caballos. Me ha ayudado de una manera muy caballerosa a subirme encima.

Hemos ido a un lugar precioso, indescriptible.

Estaba todo lleno de mariposas, preciosas mariposas batían sus delicadas alas alrededor de nuestros cuerpos. Ha sido un momento muy mágico.

Notaba como Miguel me miraba, de una manera muy dulce. Hacía que me temblaran las piernas. Al tenerlo en frente la mente se me quedaba en blanco. No lo negaré pero al principio pensaba que lo que estaba haciendo era pecado y que estaría mal visto. Pero después cuando nos hemos empezado a besar todos los pecados se me han volado de la cabeza.

Durante un momento se me ha pasado por la cabeza Rodrigo y el asco que me da.

El hecho de odiar a una persona que crees que te ha querido, duele.

Y duele mucho, pero ¿sabes querido diario? Es inútil. Odiar es un sentimiento que se merecen pocas personas. Y precisamente Rodrigo no se merece ni eso. Una persona que lleva la misma sangre que yo, una persona con la que me he podido criar, pueda tener el sentimiento de odio. El sentimiento de odio y de asco… sé que lo que te estoy contando es muy fuerte, querido diario. Pero es odio lo que siento y sé que a veces tengo que canalizar éste odio para poder llegar al punto de ignorancia, el punto de ignorancia para que le duela a Rodrigo. Lo que intenta hacer Rodrigo conmigo es hacerme sentir pequeña, indefensa y débil.

Quiere hacerme sentir como una inútil. Y, a veces pienso que estoy desaprovechando tantos folios, tantas tintas para describir a un monstruo. Desaprovecho mis pensamientos pensando en él, cuando podría estar pensando en Miguel.

Dime querido diario, ¿qué puedo hacer? Tengo una persona constantemente a mi lado que piensa que no puedo hacer las cosas por mi misma, que me voy a estrellar contra el suelo cayendo de mis nubes de algodón.

Date cuenta querido diario, que he empezado hablando de amor, y acabo hablando de odio. Si ya lo dices que del amor al odio hay solo un paso.

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